Escandalos

¿Quien fue Víctor Benítez? El periodista Andrés Colmán reveló detalles de la carrera del polémico locutor

RESCATANDO AL OTRO VÍCTOR BENÍTEZ (Por Andrés Colmán Gutiérrez)

 

Víctor Benítez falleció ayer

No pretendo escribir la clásica crónica necrológica de “¡Qué bueno que era!” acerca de un personaje que acaba de fallecer, cuando en realidad todos sabemos que el colega Víctor Benítez, durante los últimos años, llegó a ser uno de los mayores mercenarios del periodismo paraguayo, alguien que alquilaba su pluma y su talento para defender políticamente a su patrón de turno –generalmente un mandatario y/o capo empresarial- y atacar a los adversarios políticos de este, ejerciendo un cuestionable rol en el que han caído también varios otros colegas.

Pero hay otro Víctor Benítez al que yo conocí en los años 80 en la Redacción de Última Hora, que supo ser crítico y talentoso, divertido y solidario, innovador y creativo, que además supo ser mi amigo y a quien llegué a apreciar y a admirar, hasta que luego algo sucedió y se pasó al lado oscuro.

Desde entonces nos distanciamos, pero todavía recuerdo con mucho afecto a aquel locutor y escriba genial, a quien probablemente los jóvenes no llegaron a conocer. Siento su partida y me gustaría evocarlo.

Eran los últimos años de la década del 80 de la dictadura stronista, cuando en la Redacción del entonces vespertino éramos jóvenes, felices e indocumentados (Gabo dixit), pero probablemente no lo sabíamos. Un grupo de inquietos reporteros, entre quienes se hallaban quien esto escribe, Anibal Saucedo Rodas, Nicanor Duarte Frutos, José Maria Costa, Gustavo Arroyo Ligier, Osmar Sostoa, entre otros, junto a varios maestros un poco más veteranos como Juan Andrés Cardozo, Antonio Pecci, Eduardo Miranda, nos sentíamos los baluartes del periodismo crítico sobreviviente, tras el cierre de ABC Color.

A ese grupo se sumó en 1986 “el Gordo Benítez”. Concepcionero nacido el 25 de setiembre de 1956, Víctor Miguel Benitez Cano venía de una dura niñez en el Norte, donde fue heladero, repartidor de viandas, ordenanza en una peluquería, “secre” de la Cura Diocesana y “parlantero” de la Parroquia Inmaculada, para luego iniciar su carrera de locutor en Radio Concepción y posteriormente mudarse a Asunción. Tenía poca instrucción escolar, ya que apenas concluyó el tercer curso básico del Bachillerato, pero sobresalía por una sólida cultura general, una voraz vocación de lector y mucha creatividad humorística.

 

Víctor fue uno de los locutores más polémicos del periodismo paraguayo

Se dio a conocer en el entonces marginal semanario de noticias políticas “Aquí”, que ayudó a modernizar y volverlo crítico, agregando una satírica manera de titular y encarar las notas.
Esos detalles hicieron que lo convoquen de Última Hora, donde en 1986 se incorporó a la sección Política. Paralelamente inició la conducción de un programa radial en horas de la siesta en Ñandutí, que por entonces era un horario muerto para lo periodístico, pero al que él le imprimió su peculiar estilo desenfadado, matizado de chistes, groserías y largos silencios, pero que convocaba a las voces más críticas contra la dictadura.

En poco tiempo se convirtió en el programa más escuchado y tras la clausura de Ñandutí se mudó a Radio Cáritas, en donde se convirtió en el absoluto líder de la siesta en AM.

En Última Hora inauguró una columna en el suplemento Correo Semanal –que en esos años me tocó editar y dirigir-, en donde consolidó su estilo crítico, satírico y humorístico, volviéndose un clásico. Igualmente, empezó a hacer una serie de muy buenas entrevistas a personajes de la política, en “estilo serio”, que firmaba como “Víctor Miguel Benítez” para diferenciarse de su otro yo humorístico, donde solo firmaba “Víctor Benítez”.

De esa época lo recordamos glotón y dicharachero. Llegaba a la Redacción con un paquete de una docena de olorosas empanadas recién fritas, que deglutía con ganas, acompañado de pancitos, mientras leía los diarios del día. Nos gastaba bromas a todos y colgaba sus peculiares chistes en el tablero común.

Cuando se produjo el golpe del 3 de febrero, la edición del Correo Semanal ya estaba en el taller, pero él me llamó y me dijo que su columna iba a quedar desfasada, la reescribió en menos de diez minutos y la pudimos cambiar. Ese texto, titulado “Pobres” es una pieza de antología, a pesar de la prisa en que la escribió. La pueden leer aquí.

Tras la caída de la dictadura, su fama y estrella subieron. Fue uno de los periodistas más aclamados y aplaudidos. Sus escritos formaron parte del libro “Humor después del golpe”, editado en 1990 por Rafael Peroni, junto a Helio Vera, Guido Rodríguez Alcalá, Gustavo Laterza, Ricardo Caballero Aquino, Rafa Peroni, Nico, Botti y Casartelli.

Fue contratado como periodista estrella por el diario ABC Color, luego por la Red Privada de Comunicación (Diario Noticias, Radio Cardinal y Canal 13) de los Bó – López Moreira. Mantuvo su columna en el diario Noticias. Su programa de la siesta en Radio Cardinal llegó a ser el más escuchado del país. Formó dupla con Menchi Barriocanal para una serie de antológicos programas radiales por todo el país, con una química que funcionaba perfectamente. Inauguró un ciclo de programas periodísticos televisivos en Canal 13.

Víctor se pasó al lado oscuro dicen

Llegó a ser uno de los periodistas más polémicos y admirados del país, parte del plantel de estrellas de la RPC -que en ese momento era un poderoso conglomerado de medios-, junto a Menchi, Oscar Acosta y algunos más.

Fue entonces cuando ocurrió el quiebre…

No recuerdo en que año fue exactamente, pero era a mediados de los 90. Una mayoría de colegas de la RPC intentó formar un sindicato. La patronal respondió con una fuerte política represiva, con maltratos, amenazas y numerosos despidos de los que buscaban defender sus derechos. En solidaridad con sus compañeros perseguidos, varias de las principales estrellas del grupo mediático –Oscar Acosta, Menchi y el jefe de prensa, Cristian Nielsen- presentaron sus renuncias a seguir trabajando con la RPC. Cuando le preguntaron a Víctor si haría lo mismo, él dijo que no. “Yo luché mucho y pasé muchos sacrificios por llegar a un lugar así, tengo muchas cuentas que pagar y no puedo darme el lujo de renunciar”, justificó.

La mayoría de los colegas lo acusaron de “patronista” y poco solidario.

A partir de allí, empezamos a conocer al “otro” Víctor Benítez. Se prestó durante un tiempo a defender los intereses de los Bo – López Moreira, luego pasó a trabajar para los medios del expresidente Juan Carlos Wasmosy (quien los había llevado a la cárcel por criticarlo en un programa radial, durante su presidencia, pero luego lo perdonó públicamente), a cuyos intereses sirvió y defendió con mucha pasión. Paralelamente, sus programas radiales fueron perdiendo audiencia y le quedaba cada vez más poco del inmenso prestigio que ganó en los 90.

Estos últimos años lo caracterizaron por trabajar para los medios del presidente Horacio Cartes y por asumir una fuerte defensa de sus intereses, a la par de atacar a sus adversarios y críticos.

Hace poco más de un año me criticó en Twitter, sacando de contexto una frase de un artículo mío. Le escribí al privado, diciéndole que me extrañaba que pierda el tiempo en una tontería. Entonces me llamó por teléfono y me pidió disculpas, me dijo que lo hizo porque le habían pedido que me ataque, pero que prefirió eligir un tema vyroreí porque me apreciaba mucho y no me quería perjudicar.
Me dijo que debíamos encontrarnos, que podía revelarme muchas cosas que servirían para nuestras investigaciones. Quedamos en volver a contactar, pero no lo volvimos a hacer. La última vez que hablé con él fue cuando me entrevistó brevemente al aire acerca del libro sobre Mengele.

No soy nadie para juzgar a mis colegas, pero tampoco quiero ser tan hipócrita en dejar de señalar lo que me parece que está mal.
Creo sinceramente que los periodistas que venden o alquilan su pluma al servicio de los poderosos dejan de ser verdaderos periodistas. Es perfectamente posible trabajar para medios de poderosos empresarios e incluso políticos, pero siempre que no condicionen nuestra línea de trabajo, y el público se da cuenta de ello.

Víctor Benítez murió el mismo día en que el diario ABC Color publicó que había recibido millonarios pagos de la entidad binacional Yacyretá. No sé si hay relación entre ambos hechos, pero no deja de resultar simbólico y llamativo.

Me quedo con los recuerdos de aquellos años en que nos reíamos de Stroessner y su camarilla, mientras soñábamos con un tiempo mejor y un país más justo, con libertades periodísticas.

Los miembros de aquel club hoy estamos en caminos diferentes. Hubo quienes fueron presidentes de la República y otros son prósperos emprendedores de sus propios destinos.
Otros seguimos en el mismo lugar, creyendo en las mismas cosas…

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